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Table of contents

A veces lo veo parpadear, pero no lo digo. El resplandor Seudónimo: Slag, correo: Slag55 yahoo. Nostalgia de Voyeur Seudónimo: Slag, correo: Slag55 yahoo. Tomando en cuenta este argumento, estamos vivos, existimos, solamente por decisión del Otro. Es decir, la inmortalidad, querido amigo, no depende de lo hecho ni por ti ni por mí.

Si te atreves a patearme, seguro me lanzo sobre ti. Vigilante pendejo. Seguramente tu mujer te odia tanto como a mí esa cosa que me acaba de ignorar en la habitación de un hotel.

Un hotel que yo pagué, vengo desde lejos para nada. Cuando no era nada yo le daba vida, la llevé a rodar por el mundo, le desenredé sus enredos. Nunca debí hacerlo. Se debió quedar enmadejada. Nunca debió ser una prenda tejida. El viejo y desafinado piano. El mismo que hace tiempo había dejado de sonar melodioso o tolerable.


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Para no aburrirse. Para no escuchar a esa voz a la que hasta hoy hizo caso. Y es que siempre lo supo. En aquella casa ya no había nada para ella. Nada que no fuera el eco de las antiguas risas y jadeos rebotando contra las roídas paredes, eso y los escasos objetos sin valor ahora en las maletas. Puros recuerdos. Recuerdos que aunque ya no significaban nada quería llevarlos, para sentirse menos vacía. Después de todo había que cargar con el piano, el cual a su llegada vendería.

Después de su largo trayecto, se paseaba por la ciudad en forma de gato; nadie se imaginaba que era el príncipe persa.

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Al piano le salieron alas cuando comenzó la melodía. Al piano, sin pianista, también se le rompieron las alas y quedó atrapado en un tiempo sin fin, entre las ramas.

No se trata de escribir un pie de foto de la […]. Camino debido a tantos años en los que he visto personas pasar por este pasillo -imitación, causa primera de todo lo que existe-. Ayudado por la pared, ando.

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Un paso a la vez -acción continua digna de un objeto inanimado que de pronto da cuenta de sí mismo-. Incapaz de saberlo, y sin embargo sé, debo cruzar. Por un momento vi que se asustó ante mi presencia. Había cruzado el umbral de su dimensión. Cuando traté de alcanzarlo había desaparecido.

Entonces me puse a pegar en las paredes de aquel oscuro pasillo. Recordé que no era eso lo que estaba haciendo antes de su aparición. Fijé mi mirada sobre uno de los cuadrados del suelo. Mientras me alejaba pude ver con claridad mi cuerpo. Se había quedado tirado en aquel pasillo. Pero cómo, pensé.

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En aquel instante volví a verlo y supe que no regresaría. Fundaremos una nueva Tierra. El pasillo 7 Desde muy pequeño Emeka mostró ser muy fisgón. Debía llevarlo puesto toda la noche, sino rompería con la tradición familiar. La residencia de la abuela era toda una mansión llena de cuantiosas escaleras que llevaban a pasajes lo suficientemente rigurosos para su nervudo cuerpo. A pesar de que las habitaciones permanecían obstruidas, había un sitio que destilaba una fulgente luminosidad, era el pasillo 7. Y como la curiosidad de Emeka aumentaba conforme se acercaba con su pareja al sitio, se arriesgó.

Dejo en medio del baile a su pareja y corrió a descubrir lo que escondía aquel lugar, pero la prontitud le desplomo. Sus piernas firmes como blasón se fueron doblando como marioneta, mientras la irradiación del pasillo formaba la orla de un espécimen monstruoso en la pared…. El crimen perfecto —Nadie duda de un gato, son demasiado sospechosos para ser culpables. Se disfrazó y salió por la puerta grande.

Ella era lista, blanca y elegante; y yo nunca estuve tan seguro de algo como de querer casarme con ella cuando fuera grande. Seis ventanas, eran seis cuadrados rectangulares diseñados en esa pared de concreto que lucía blanca y sucia.

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Seis ventanas impenetrables por el vidrio fijo que había sido colocado con gran perfección y cubierto premeditadamente con una película bien oscura; de esas que antes se usaban en casi todos los carros de Guayaquil y que protegían a los conductores del hirviente sol ecuatorial de las doce o simplemente les proporcionaba un espacio privado para sacarse los mocos con calma. Entre otras cosas. Después de enemistarnos el dueño anterior y yo, no Olivier y yo , se fue a otro departamento sin destinario. Dejó a Olivier conmigo con la promesa de volver al siguiente día con el dinero y para recogerlo.

Olivier se quedó conmigo como un rehén. Esperé un día. Olivier tenía hambre, lo alimentaba. Había otros compañeros en la casa, y entre nosotros, cuidamos del gato abandonado. Eso nos lleva al presente. Como su dueño original, Olivier es mujeriego. Lucha con los perros y come rico en cada puerta.

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Lo amo y lo odio a la vez. Vivimos juntos, con unos compañeros que cambian cuando sus circunstancias económicas hacen lo mismo. Me trae ratones y palomas, con los hígados ya comidos. Antes de fracturar los dedos, los soldados le forzaron al pianista a empujar su piana fuera de su casa.


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El jefe, con una mueca, preguntó otra vez por su hijo. Después, con ceniza en vez de casa, el martillo se cayó como los macillos durante el crescendo. Hace años que vio su piano. Empecé a ser viajera de noche cuando era muy joven. Mi madre me encontraba enfrente de la puerta principal, yo con los ojos vacios mirando hacia las estrellas, murmurando un lenguaje desconocido. Lo peor de todo es que ahora que vivo sola, me gusta dormir desnuda. Se me cayó en el sueño y decidí quedarme en el suelo.

Es la tercera vez este mes y ya empiezan a cansarme sus continuos aires de grandeza. Se pasea todo el rato por la habitación con la mano en el pecho mientras grita órdenes en un francés ininteligible. Me cae mucho mejor cuando es Chaplin o incluso Marlon Brando. Como ya me conozco de memoria todo su repertorio, en cuanto se da la vuelta me estiro hasta la ventana y salto fuera con un movimiento felino.

Y luego dicen que soy yo el loco. Enciende el bólido. Sus luces verdes azuladas iluminan el oscuro parqueadero. Antes de iniciar su recorrido, pasa su lengua por su brillante capa de pintura gris con anchas líneas negras. También revisa sus garras recién balanceadas. No corre. Respeta el límite de velocidad y con su paso elegante pasa por delante del guardia. Saluda con un ronroneo y no presenta el tiquet del estacionamiento. No es necesario. Vive en el séptimo piso de ese edificio.